La falsedad vuela.

Los chismes, rumores y patrañas viajan más rápido, penetran más profundo y consiguen más atracción y vinculación que la verdad. Esta es la inexorable realidad contenida en el más extenso estudio realizado para estudiar la exactitud de noticias en redes sociales.

Parece que aquello que escribió el escocés Jonathan Swift “la falsedad vuela, mientras la verdad se arrastra tras ella” sigue siendo tan apropiado hoy como en el siglo 18.

En Science (science.sciencemag.org/content/359/6380/1146) fue publicado el estudio más amplio jamás realizado sobre la exactitud de noticias publicadas en inglés. La metodología que tomó todas las historias mayores publicadas durante toda la existencia de Twitter –aproximadamente 126 mil historias distintas– encontró que la verdad simplemente no puede competir con el rumor y la farsa.

Bien dice Soroush Vosoughi, quien trabaja en el MIT y fue quien lideró el estudio: “Queda bastante claro (por nuestro estudio) que la información falsa se desempeña mejor que la información certera y esto no es solo por la interacción de bots, tiene que ver con la naturaleza humana.”

Estos resultados inspiran a preguntarse cómo podemos crear un ecosistema que valora y promueve la propagación de la verdad. Y es que, aunque el estudio solo se concentra en Twitter, los resultados tienen implicaciones amplias para cualquier plataforma que amplifique contenido.

El estudio del MIT encontró que en promedio una historia falsa alcanza a llegar a 1,500 personas seis veces más rápido que una historia real. Es importante notar que, aunque la farsa se desempeñó mejor en cualquier tema tratado –incluido negocios, terrorismo, entretenimiento, tecnología, ciencia y guerra– fue la política entre todos los temas estudiados la que tuvo índices de propagación más altos. Una historia falsa tiene 70 por ciento más probabilidades de ser compartida que una historia real. La culpa de esto no está en la existencia de autobots. El estudio encontró que, desde 2006 hasta 2016, los bots de Twitter han amplificado en la misma cantidad historias reales como falsas. Los autores han concluido que las mentiras son más propensas a propagarse porque “los humanos, no los bots, son más propensos a propagarlas.”

La importancia de este estudio (ha habido otros similares) radica en la amplitud con la que fue ejecutado. La mayoría de las investigaciones preexistentes se habían concentrado en eventos singulares. Esta nueva investigación toma una extensión mucho más grande. Para poder resolver la cuestión de qué es considerado una nota verdadera los autores recurrieron a terceros, en particular Polifact, Factcheck.org y Snopes.

Los científicos de MIT no tienen claro que podría revertir esta tendencia a propagar lo inexacto. “Tenemos poca evidencia que compruebe que las personas cambian su opinión acerca de la verdad de una historia cuando ven la nota rechazada por un sitio encargado de verificación, por ejemplo” dice el Dr. Aral. Y concluye: “Etiquetar una nota como falsa podría tener muy poco efecto en su propagación”.

Queda claro que las notas falsas son sistemáticamente amplificadas en redes sociales y que nadie (ni expertos ni políticos ni compañías tecnológicas) sabe cómo revertir esto. Es peligroso tener un ecosistema de noticias tan propenso a propagar farsas y por lo tanto recae en el individuo, como siempre, la responsabilidad de ampliar sus fuentes y filtrar todo con un proceso adecuado de razonamiento crítico.

Autor: Luis Fernando Cáceres

Públicado en El Periódico de Guatemala el 2 de septiembre de 2019.