Edificados sobre fundamento duradero.

Texto: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 1 Pedro 2: 4-5.

Introducción.

Pedro recurre a ilustraciones que con creciente claridad describen el culto a Dios: piedra viva, casa espiritual, sacerdocio santo, sacrificios espirituales.

Desarrollo.

  1. Piedras vivas. Pedro describe a Jesús como “la piedra viva” (v. 4) y a los creyentes como “piedras vivas”. Los creyentes derivan de Jesús el principio de la vida. En forma de piedras ellos son los elementos de construcción de la casa de Dios. De paso, Pedro aporta un pasaje paralelo de una casa espiritual y de sacrificios espirituales.
  2. Casa espiritual. Pedro se expresa a través de una metáfora[1], ya que no son las piedras sino los creyentes en forma individual los que forman la casa de Dios (Ef. 2:19–22; 1 Ti. 3:15; Heb. 3:6; 10:21). Esta metáfora comunica la idea de una comunidad de creyentes que, en función de su sacerdocio santo, presentan un sacrificio vivo.
  3. Sacerdocio santo. Esta expresión, comúnmente denominada “sacerdocio de todos los creyentes”, se refiere a la comunidad de los sacerdotes y quiere decir que todo cristiano verdadero es un sacerdote en la casa de Dios (véase v. 9). “Es un honor singular que Dios no sólo nos consagre como templo para sí mismo, en el cual él mora y es adorado, sino que también nos constituya sacerdotes”. El adjetivo santo significa que tal sacerdocio está dedicado a Dios y separado del mundo.
    1. Pedro no ve el sacerdocio como una posición especial para unos cuantos. Por el contrario, todo creyente es uno.
    2. La palabra latina pontifex, para sacerdote, significa un “constructor de puentes”. La connotación es clara: El creyente tiene acceso a Dios y es a la vez ministro de reconciliación. Es decir, un constructor de puentes, entre otras personas y Dios.
  4. Sacrificios espirituales aceptables. ¿Cuál es la tarea del sacerdote? El ya no necesita ofrecer sacrificios para quitar el pecado y la culpa, porque “Cristo fue sacrificado una vez para quitar los pecados del mundo” (Heb. 9:28). Lo que un miembro del sacerdocio de todos los creyentes hace, entonces, es ofrecer sacrificios de gratitud a Dios por la magnífica obra de redención llevada a cabo por Cristo. Es decir, presenta ante Dios “un sacrificio de alabanza—el fruto de labios que confiesan su nombre” (Heb. 13:15). Además, el sacerdote trata de reflejar la santidad de Dios según su mandamiento: “sean santos, porque yo soy santo” (1:16). Y por último, ofrece su cuerpo como sacrificio vivo en servicio de agradecimiento a Dios (Ro. 12:1). Estos sacrificios espirituales pueden ser presentados a Dios sólo mediante Jesucristo, porque sin Cristo nuestras obras de justicia no son otra cosa que trapos de inmundicia (Is. 64:6).

Conclusión: Congreguémonos junto a nuestros hermanos en la fe y regocijémonos alabando y adorando al Dios Trino. Recuerde Dios no habita en templos hechos por manos de hombre.

[1] Consiste en usar las palabras en sentido figurado al establecer una similitud de cualquier tipo entre el término concreto y la noción abstracta.