La adoración. Primera parte.

Bosquejo del sermón predicado el domingo 24 de Abril de 2016.

La adoración I.
por Enrique Juárez

Texto: Juan 4:23-24

¿Qué es adorar?

Es una celebración, exaltación del alto merito de Dios. Por la cual es dado honor a su nombre.

¿A quién adorar?

Solamente Dios es digno de adoración. Adorar a otros dioses es idolatría, no debe adorarse a personas ni a criaturas celestiales. Adoramos al Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¿Quiénes deben adorar?

Los creyentes y toda la creación. “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5)

¿Por qué debemos adorar?

Debemos adorar a Dios por su grandeza, por su amor manifestado al darnos salvación tan grande. Debe ser espontánea aunque también es un mandato: “Bendecid a Dios en las congregaciones; al Señor, vosotros de la estirpe de Israel (Salmos 68:26).

¿Dónde debemos adorar?

En el lugar establecido por Dios: “Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Salmos 122:1). Aunque Dios no habita en templos hechos por manos de hombres (Hechos 17:24) debe haber un lugar donde se reúna Su Iglesia para celebrar juntamente como el cuerpo de Cristo.

¿Cómo debemos adorar?

Cantando: “Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación. Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas” (Salmos 96:1-3).

Postrándonos: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Salmos 65:6).

Aclamando: “Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Ap. 14:7).

Ofrendando: “Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios” (Dt. 2610).

Continúa.