Descalificado

Leyendo uno de los libros de John MaCarthur leí una exegesis que él hace sobre los siguientes pasajes: “El que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. 7Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, 8sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo” (Tito 1:6-8). “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. 2Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; 3no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; 4que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad 5(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); 6no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. 7También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:1-7).

Resumiendo le compartiré dos aspectos que MacArthur señala en su exegesis como hechos que descalifican a alguien para ejercer como pastor de una iglesia. Si queremos ser bíblicos y tener una sana doctrina ortodoxa no podremos refutar esto con razonamientos humanistas.

  1. La inmoralidad sexual. Si ejerciendo como pastor adultera, o si fornica siendo soltero descalifica para el pastorado. No deja de ser un creyente que puede ser restaurado y seguir viviendo una vida piadosa pero queda descalificado para el ministerio. El pastor si es casado, debe vivir solamente para su esposa, ser marido de una sola mujer; si se divorcia fuera de las clausulas bíblicas y se vuelve a casar, adultera y queda descalificado para el ministerio.
  2. Si tiene hijos y estos viven en desobediencia y rebeldía dando un testimonio anti cristiano también queda descalificado para el ministerio, no deben seguir ejerciendo como pastores. Se entiende que estos deben ser ya hijos mayores, jóvenes o adultos, pues a los niños no los podremos acusar de disolución por su edad. MacArthur señala a la luz de la Palabra lo siguiente: “Puede ser que usted como padre haya realizado un buen y justo esfuerzo por llevar a sus hijos en la fe en Cristo, pero no ha visto el fruto que desearía. Usted no es responsable por el rechazo de la verdad de su hijo, pero tampoco estaría cualificado para ser pastor”. Alguien podría decir: “pero las ovejas me siguen”, si, pero ¿Cuál es la salud espiritual de las mismas?

En este tiempo cuantos pastores no hay que se divorcian y vuelven a casarse siendo infieles a la mujer su juventud. Cuantos pastores no hay también que sus hijos son un descredito para el evangelio, y los padres ministros se justifican diciendo: “Nadie es perfecto”, sin embargo Cristo nos invita a buscar la perfección según Mateo 5:48, no hay excusa. Bien, a la luz de la Palabra pueden seguir viviendo como creyentes piadosos si no son responsables de los hechos de sus hijos, pero quedan descalificados para el ministerio. Y que tristeza dan los que un día sirvieron en el altar y ahora viven una vida licenciosa y pecaminosa, lo más triste es que se han vuelto demasiado críticos con los que sirven y ministran en el altar con rectitud y esfuerzo.

Piénselo

 

 

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