Jesed y Tzedaká

Jesed, también es conocida como Gedulah. Es la cuarta sefirá, se sitúa debajo de Chokmah. “Representa el deseo de compartir incondicionalmente, la voluntad de dar todo de sí mismo y la generosidad sin límites. La extrema compasión.” La palabra hebraica utilizada en el Antiguo Testamento es Hesed.

Historia del plomero que lo pago el municipio.

Escuché una historia impresionante de lo que es hacer Jesed sin ninguna intención y 100% Leshem Shamaim.

Pasó una historia en Israel, que una mujer tuvo la necesidad de marcarle al plomero de urgencia, ya que una de sus tuberías se había roto y su casa se estaba inundando. Le marcó a un plomero y llegó lo más rápido que pudo.

Cuando llegó el plomero, toda la familia se encontraba arriba de los sillones y vio que toda la casa ya estaba inundada. Hasta que encontró el problema de la tubería, se tardó 2 horas y ahí paró la fuga de agua. Pero el problema en ese momento, era arreglar el desperfecto y que iba a ser muy costoso.

El plomero, notó que el padre de la familia, no estaba; hasta que descubrió que había fallecido unos meses atrás. También vio el plomero el refrigerador abierto, y notó que estaba vacío y se dio cuenta que era una familia muy pobre. Y pensó en ese momento que era su oportunidad para hacer un gran “Jesed” con esa familia.

Después de arreglar el problema, que le costó tiempo y dinero en materiales; la señora viuda le preguntó cuánto le debía. El hombre le dijo que “no le debía nada”, ya que el municipio estaba contratando plomeros para mejorar las tuberías de la zona para atraer más gente a esa zona y el municipio era el encargado de pagar esos gastos de honorarios y materiales. La señora se quedó impresionada, y no lo podía creer, hasta que el plomero la convenció para que ella no se sienta mal. Al final, la señora quedó muy agradecida con el plomero y el plomero le decía que no tenía qué agradecer, ya que el municipio era el que pagaba todo.

Pasaron aproximadamente 15 años y este plomero le fue muy bien económicamente. Hasta que abrió una compañía y un corporativo de plomería, daba servicio, vendían materiales, etc.

Este plomero decidió construir una casa y como era experto en plomería, él iba a instalar todo y él iba a comprar todos los materiales y muebles necesarios para la casa.

Fue a varias tiendas a pedir presupuestos, pero todavía no había decidido a quién comprarle.

Al otro día, llega fuera de su casa un camión lleno de materiales y le dicen a este plomero que llegó el material que había pedido y que le haga el favor de abrir su casa para descargar los materiales.

Este plomero no entendía nada, ya que él sólo había pedido presupuesto y no había hecho ningún pedido en firme.

Fue inmediatamente a la tienda que le mandaron todos esos materiales a reclamar, ya que seguramente tenía “tácticas” de trabajar, que primero les entregaban el material y luego les cobran más de lo que es realmente.

Cuando llegó a la tienda, le reclamó a la cajera, ya que él le había hecho el presupuesto a ella y no el pedido en firme; pero la cajera tenía en su sistema que esto ya era un pedido. La cajera le pidió que vaya con el dueño directamente y hable con él.

El plomero subió a la oficina del dueño para reclamarle y le explicó que él nunca había hecho el pedido en firme, sino sólo fue a pedir un presupuesto.

El dueño le dijo que todo ese material que ya le había entregado, ya estaba pagado. El plomero no entendía nada, ya que él nunca había pagado nada.

El dueño del local le dijo que “el municipio había pagado todo ese material”. El plomero empezó a hacer memoria y recordó la historia de hace 15 años.

El plomero le preguntó al dueño del local de dónde había sacado esa frase; y el dueño del local le contestó que hace 15 años la aprendió, precisamente de ese plomero que había ayudado a su madre en una situación muy difícil que estaba pasando. El dueño del local le explicó que después que el plomero le había ayudado a su madre hace 15 años, no le había creído que el municipio había pagado todo el trabajo que hizo, así que en ese momento decidió que cuando pueda, le iba pagar el favor de alguna manera al plomero; después de varios años, al hijo de la señora le fue bien económicamente y pudo abrir una tienda de muebles y materiales; cuando el plomero había ido a sacar prepuesto a esa tienda, el dueño de la tienda lo recordó y se dijo a sí mismo que era su oportunidad para pagar el favor que había recibido hace 15 años; así que le mandó todos esos materiales sin ningún costo.

Esto es un verdadero Jesed sin querer recibir ningún pago a cambio.

La Tzedaká¹ es lo único que queda

Contó Rab Sarna una historia increíble:

En una ocasión cuando salí al mundo para juntar dinero para la Yeshibá, se hizo una reunión de todos los fundadores de la Yeshibá.

Entre esos fundadores, se encontraba un hombre que donó mucho dinero para mudar la Yeshibá de Slabodka a Israel y con el paso del tiempo, ese hombre se volvió muy pobre hasta la necesidad de pedir pan para comer.

Rab Sarna tenía la duda si invitar a ese hombre a la reunión de “los ricos” o no invitarlo. Ese hombre ya no es rico y si lo llaman, se sentirá mal que no podrá donar y si no lo llaman, también se sentirá mal, ya que sentirá que lo único que lo quieren es por su dinero. Al final se tomó la decisión de no llamarlo.

A la mitad de la reunión, llegó ese hombre sin invitación y la gente sorprendida la dio la bienvenida.
Ese hombre tomó la palabra sin que nadie lo invite y dijo: Queridos hermanos: Hemos visto que en este mundo la gente sube y baja. Yo era un hombre muy rico y mi vida cambió repentinamente. Hoy soy un hombre que pide pan para comer. Lo único que me quedó fue ese dinero que pude donar a esa Yeshibá.

Ese mérito que tuve en donar ese dinero es el único que tengo ahora. Ahora, les digo a todos ustedes: todo lo que puedan donar ahora, proporciónenlo, ya que el día de mañana nadie sabe qué pueda suceder. Y todo eso que den, es lo único que les quedará en la eternidad
La gente se quedó impresionada de sus palabras, y causó mucho éxito y la gente donó mucho dinero.

Y es lo que dijo Shlomó Hamelej: “Todo lo que puedas hacer, hazlo ahora; ya que no sabrás que pueda pasar mañana”.


 

(¹). Tzedaká (en hebreo: צדקה) es el concepto de justicia social en el judaísmo. Es uno de los preceptos más importantes del judaísmo, a tal punto que la tradición indica que – junto a la teshuvá (el arrepentimiento) y la tefilá (la oración) es una de las acciones humanas capaces de revertir los decretos divinos.

Si bien el término tzdaká es usualmente traducido como “caridad”, la raíz de la palabra hebreo la conecta con el término justicia o rectitud (tzedek). El capítulo 19 de Levítico establece que “Y cuando segareis las mieses de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu campo, y las espigas verdes al cosechar tu mies, no recogerás; ni los granos de uva de tu viña recogerás; para el pobre y para el peregrino los dejarás; Yo soy el Eterno, vuestro Dios.”. La intención es ofrecerle al necesitado una forma digna de ganar su alimento, sin ponerlo en la necesidad de rogar por limosna, y este es uno de los principios que guían al precepto de “Tzedaká”.

En este sentido, el concepto de tzdaká se distingue del concepto de “caridad” en que la caridad es otorgada cuando el filantropista está en condiciones emocionales y económicas de dar, mientras que la tzdaká es una obligación ordenada por Dios a todos los judíos. Incluso una persona pobre no está absuelta del precepto.