Un verdadero discípulo

Notas del Sermón Dominical del 17 de Mayo de 2015, espere el audio.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24).

¿Qué es un discípulo?

Es uno que aprende instrucción de otro. No son simplemente alumnos, seguidores o simpatizantes, son imitadores de sus maestros. Siguen las instrucciones recibidas aunque al principio no entiendan el por qué de las cosas pero al final de la tarea comprenderán y se gozarán.

Nunca irán más allá de los límites que se les han establecido y tomaran iniciativas cuando se les haya delegado responsabilidad y no antes de ello y siempre estarán dispuestos a dar cuentas con alegría y a ser corregidos cuando fuere necesario.

El verdadero discípulo nunca intentará usurpar la autoridad que Dios ha puesto sobre su vida y siempre será un colaborador fiel. El discípulo verdadero siempre será parte de la solución y no parte del problema.

El verdadero discípulo levanta al ministro que Dios ha puesto. Así como Aarón y Ur le levantaron las manos a Moisés hasta alcanzar la victoria. No resiste a su autoridad, se somete voluntariamente a ella para recibir bendición, hace real en su vida el pasaje de Hebreos 13:17, lo hace parte de su vida.

Josué antes de ser siervo de Jehová fue siervo de Moisés, es pura teología barata la de los que dicen que “ellos solamente le sirven a Dios y no a los hombres”, no les ha amanecido y estos nunca deben ser puestos en privilegios en la obra de Dios. Y si se les ha delegado responsabilidad y son rebeldes y no atienden a las instrucciones debe de sentárseles hasta que sean humildes y sencillos de corazón, y el fruto del Espíritu sea manifiesto en sus vidas. (1)

El Discípulo primeramente deja el egoísmo, renuncia a su ego carnal y acepta el sacrificio que implica servir a Dios y Su obra.

¿Qué se necesita para ser un discípulo verdadero?

Tener el ADN de su padre espiritual, para ello necesita reconocer a su autoridad espiritual como a un padre espiritual y además aceptar a ser instruido, se negará a si mismo/a y reconocerá que el camino del discipulado no es un lecho de rosas, habrán dificultades pero siempre bajo la guía de su autoridad alcanzará los propósitos de Dios para su vida y entonces podrá ser reconocido como un discípulo que colabora en la instrucción de los que empiezan el camino del discipulado.

No se rendirá, no dejará que el diablo ponga pensamientos de rebeldía, negativismo, pesimismo en su corazón, parafraseando a Lutero este decía: no puedes impedir que los malos pensamientos como pájaros ronden sobre tu cabeza, pero si puedes impedir que hagan nido en ella.

Un discípulo verdadero aprende a estar en cambio constante.

Cambiará su vieja de manera de pensar conforme a la Palabra de Dios, no dejará que el pensamiento mundano y secular sea guía de sus pensamientos y acciones. Nunca se acomodará y no le dará énfasis a las costumbres religiosas. No es un activista en lo que cree él que es “la obra de Dios”, sino hace lo que se le pide y sobre todo pone por obra La Palabra de Dios, aunque le implique sacrificios. Cuando se siente cansado o abatido está dispuesto a ser restaurado como lo hacían antiguamente con los odres viejos. Entonces experimentará el gozo de Dios, el fruto del Espíritu y caminará con firmeza ante cualquier adversidad y alcanzará las promesas y propósito de Dios. Recuerde: “Dios no puede ser burlado…”

(1). Parrafo no incluído en el sermón.

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