De las actividades a las células

mario_vegapor Mario Vega

Antes de realizar la transición para convertirnos en una iglesia celular, Elim era una iglesia saturada de muchas actividades. El corazón de esas actividades era el evangelismo. Había evangelización de casa en casa, en los autobuses, en los cines, en los mercados, en las canchas de juego, en las escuelas y hasta en el aeropuerto. Dondequiera que hubiese un lugar donde las personas se reunieran allí íbamos a evangelizar. Para hacerlo se utilizaban globos, banderas, carteles, marchas, cantos, música, etc. Todo aquello que fuera útil para llamar la atención de las personas. También había pequeños cultos públicos que se hacían en barrios, calles importantes, parques, etc.

Cuando se hizo la transición, las células absorbieron todas esas fuerzas y la iglesia se enfocó en el trabajo en las casas. Ya no era necesario hacer todas las demás actividades. La razón no era que todos los otros esfuerzos fueran malos. Eran buenos, pero limitados. Una importante limitación era que las personas que pudieran creer no tenían claridad de cómo ser parte de una iglesia. A pesar que se les recomendaba ir a una iglesia cristiana, no teníamos una manera efectiva de darles seguimiento y mucho menos de entrenarlos para la obra del ministerio.

Con las células las personas no solo son recibidas al creer sino que también son introducidas a la Ruta del Líder para continuar su crecimiento espiritual hasta convertirse en nuevos líderes de células. El enfocarnos en el trabajo celular permitió soltar muchas actividades que saturaban el tiempo de las personas para dedicarnos a un esfuerzo que resulta más amplio, más eficiente y más perseverante.

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