Contiendas y divisiones

divisionesContiendas (rivalidades, di­sensiones, divisiones, herejías)”, 1 Cor. 1:11; 3:1-3; 2 Cor. 12:20-21, son tér­minos que describen la conducta de per­sonas carnales que no aman la iglesia y es­tán dispuestas a fragmentarla y destruirla. Atentan contra la unidad del cuerpo de Cristo.

  1. Las contiendas son expresiones del egoísmo, de la ambición vana, de rivalidades y del espíritu de división y sec­tarismo. La palabra aparece en Rom. 2:8: “son contenciosos y no obedecen a la ver­dad, sino que obedecen a la injusticia”; también aparece en 2 Cor. 12:20; Fil. 1:17; y en Fil. 2:3.
  2. Una causa mayor es que algunos tienen más alto concepto de sí que el que deben tener (Rom. 12:3,16; Gal. 6:3). Quieren preeminencia en la iglesia (3 Juan 9-10). Son muy imponentes, quieren mandar.
  3. Tales escándalos suceden porque no se aprende la humildad (Mat. 18:1-4; 20:25-28, etc.). Los que no quieren obede­cer a Cristo en servir a otros, se exaltan a sí mismos para satisfacer su orgullo. Quieren ser predicadores pero quieren predicar “a Cristo por envidia y contienda” (Fil. 1:15-16). Otros quieren ser ancianos, diáconos o líderes porque les gusta mandar. Quieren seguidores y para tenerlos forman par­tidos (sectarismos).
  4. Es importante observar que las contiendas, disensiones, etc. Son mencionadas en la misma lista con idola­tría, hechicerías y borracheras. Hay muy pocos hermanos que en verdad creen que merecen la misma condenación. Pero los pecados de corazón y de carácter son tan condenables como los demás.
  5. Dice Pablo, “Digo pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gál. 5:16). Es precisamente lo que hacen los que promueven contiendas, di­sensiones y herejías; satisfacen los deseos de la carne como lo hacen el borracho y el fornicario.
  6. Mientras haya carnalidad habrá disensiones: “Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Cor. 17-19). Sin embargo se debe dejar que el Espíritu Santo tome control, y además como se señala en 2 Timoteo 1:24 y 25 (las cartas apostólicas son instrucciones para los creyentes no para el mundo) los ministros deben corregir con amabilidad y mansedumbre, lo cual no debería interpretarse como señal de debilidad. Para que los que se oponen a la verdad tengan la oportunidad de escapar del lazo del diablo.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7a). Mantengamos la unidad de la iglesia según se nos manda en Efesios 4:3-4.