Pasos para preparar un sermón V

por Salvador Gómez

Los siguientes puntos los considero elementos imprescindibles para la preparación de sermones. No son necesariamente pasos. Me explico. Evidentemente la oración debe ser uno de estos elementos, pues confiamos en la obra iluminadora del Espíritu Santo mientras nos preparamos. Sin embargo, no podemos ubicar la oración como un paso, sino como un elemento que formará parte de todas las etapas de la elaboración de sermones. Habiendo hecho esta aclaración, puedo enumerar los siguientes elementos.

1.     Oración. Debemos estar conscientes de nuestra dependencia de Dios en cada etapa. El Espíritu Santo nos ayudará a entender el texto bíblico y a hacer la conexión entre el pasaje y nuestros oyentes. Pidamos luz y discernimiento, para ser guías fieles para el pueblo de Dios.

2.     Lectura bíblica. Empaparnos del texto bíblico a estudiar es de vital importancia. Podemos sentir que ya estamos familiarizados con el pasaje, lo cual puede matar nuestro espíritu investigativo. Leer con ojo observador puede mostrarnos dimensiones del texto antes desconocidas.

3.     Exégesis. Es la etapa en la que nos dedicamos a entender el texto. No podemos enseñar lo que no comprendemos. Mientras más oscuro el entendimiento, más difícil será para nuestros oyentes entendernos. Dependiendo de la naturaleza del pasaje, tendremos que realizar estudios verbales, investigaciones geográficas e históricas, profundizaciones teológicas y análisis gramaticales, todo con la finalidad de comprender lo que Dios dice en su Palabra. Recordemos que nuestros oyentes serán alimentados con la Palabra de Dios, no con nuestras opiniones personales. Por tanto, debemos procurar con diligencia trazar bien la Palabra de verdad (2 Tim. 2:15).

4.     Meditación. Este es un punto que comúnmente no aparece en los libros de textos pastorales. La reflexión es útil para nuestra propia vida devocional, pero es igualmente beneficiosa cuando de la predicación se trata. Hacemos preguntas al texto; indagamos las diferentes formas en que nos habla a nuestra propia situación particular; aprendemos nuevos conceptos acerca de Dios, Cristo, el pecado, el evangelio, etc.

5.     Estrategia de enseñanza. En ocasiones, el pasaje mismo nos brindará las pautas para un buen bosquejo homilético. Pero a veces se necesitará de ingenio piadoso para escoger la manera de abordar determinada doctrina o tema. Mi profesor de homilética solía compartirnos que siempre tenía consigo tres hojas de papel diferentes, y una de ellas servía para anotar todas las ideas estructurales y de bosquejo que venían a su mente. Un buen bosquejo puede hacer toda la diferencia a la hora de entregar un sermón. Otro aspecto importante en la estrategia de la predicación es el uso de ilustraciones. Queremos ser capaces de pintar la verdad en la mente de nuestros oyentes, para que los conceptos sean comprendidos, aceptados y asimilados debidamente. Nuestros hermanos no podrán aplicar lo que no entienden. Y esto nos lleva a nuestro siguiente elemento.

6.     Aplicación. Si olvidamos que la finalidad de la predicación es guiar al pueblo de Dios a poner por obra la Palabra, hemos fracasado en nuestra misión. Podemos decidir dejar las aplicaciones para el final de nuestro mensaje o esparcir las mismas a lo largo del discurso. Lo que no podemos hacer es eximirnos de ellas. Nuestro objetivo debe ser llevar cautivo todo corazón a la obediencia a Cristo. Eso demandará que recordemos a los diferentes grupos de personas presentes en la iglesia. J. C. Ryle siempre será un ejemplo en esto. Con regularidad terminaba sus sermones dirigiéndose a creyentes e incrédulos, a niños, jóvenes y adultos. Para ser eficaces con las aplicaciones, tenemos que incluir este elemento durante el proceso de preparación del sermón.

La vida general del ministro será un fundamento sólido a la hora de la preparación. El pastor que nutre su mente debidamente cuando no está preparando sermones, tendrá un almacén de información que el Espíritu utilizará cuando lo haga. El hombre de Dios que mantenga una relación saludable con la congregación, será relevante en sus aplicaciones. Los sermones van más allá de lo que hacemos o dejamos de hacer en el estudio.

Concluyo con una cita de Charles Bridges en su libro THE CHRISTIAN MINISTRY: “Trabaja en la preparación para el púlpito, como si todo nuestro éxito dependiera de ello. Ora y depende completamente de Cristo, sintiendo que separados de Él no podremos hacer nada. Si descuidamos la preparación, tentamos a Dios a que se aparte de su curso ordinario; si confiamos en nuestra preparación, hacemos un dios de nuestros dones” (p. 221; Banner of Truth edition).

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