La envidia

envidiosaEn cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;  Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos” (Salmos 73:3). Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?” (Proverbios 27:4).

La envidia es un sentimiento de tristeza o pesar por el bien ajeno. La envidia es más destructiva que la ira. Hace que quites tu mirada de lo que tienes y enfoques tu atención en lo que no tienes. Es un síntoma de arrogancia y de orgullo. Le hace ver a la persona que la padece a que tiene derecho  a todo. Le hace creer que no tiene lo que debería tener porque los demás no le valoran lo suficiente.

Las semillas de la envidia se hallan a diario en el corazón y en la mente, y hay que trabajar con ella, vale aplicar lo que dijo Martín Lutero: “No puedes impedir que un pájaro se pare en tu cabeza, pero si puedes impedirle que haga su nido sobre ella”.

¿Cómo sabemos cuándo una persona tiene envidia? ¿Cómo sabemos si una persona es envidiosa? Por su tipo de comentarios, cuando hablan con los demás estas personas tienen un espíritu crítico. Hablan de los demás cuando estos están ausentes, lo cual ya es un chisme, con el propósito de degradarlos, difamarlos, etc. Aunque disfracen sus comentarios de formas muy sutiles y variadas, por ejemplo: “no es que quiera hablar mal de fulano, es solamente un pensamiento en voz alta, pero…” “Creo que hay que orar mucho por fulano de tal, porque…” Además estas personas han perdido el gozo y el brillo de Dios de sobre sus vidas, andan con el ceño fruncido, malhumoradas.

Cuando se habla de una persona, en su ausencia, aunque sea verdad lo que se dice, pero se dice con el propósito de hacerle ver mal, a esto se le llama chisme, y cuando se dice algo que al que habla no le consta, exagera o inventa, a esto se le llama calumnia.

Todos hemos pasado por etapas de envidia, de una o de otra forma. Sin embargo Las Escrituras nos invitan a dejar este tipo de práctica carnal, viviendo en el Espíritu: Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne (Gálatas 5:16). Así que es demasiado notorio cuando una persona anda en el Espíritu o en la carne.

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