La Célula como Base del Discipulado

por Mario Vega

No hay duda que la iglesia del Nuevo Testamento se reunía en las casas. La formación de los cristianos y su crecimiento en la fe se producía en ese ámbito. Esas pequeñas reuniones en las casas era el lugar donde los cristianos comían juntos, celebraban la cena del Señor, recordaban la doctrina de los apóstoles, se exhortaban mutuamente, ejercían los dones del Espíritu y reflexionaban sobre su fe.

Esas reuniones en las casas es lo que modernamente llamamos células. Consecuentemente, la tarea de hacer discípulos de Jesús encuentra un alto porcentaje en este lugar. La célula es el caldo de cultivo donde se transmite de manera práctica, por medio del mentoreo, la formación cristiana. La célula es donde se aprende haciendo. Y se aprende viviendo.

En el caso de Elim, aun cuando las células tienen un fuerte énfasis evangelizador, no se puede negar el amplio papel que las células poseen en la tarea de formar discípulos de Cristo. En el trabajo de llevar a otros a Jesús existe mucho crecimiento, oración, doctrina y crecimiento personal. La célula es la primera línea de batalla de la iglesia penetrando el mundo de tinieblas. Es en esa primera línea que se forjan los valientes, los héroes y donde se ejerce la guía del Espíritu Santo para conquistar otras personas para la causa de Cristo.

La célula es la base de la cual se originan nuevos líderes, surgen los supervisores y de los supervisores surgen los obreros y pastores de la iglesia. Es un crecimiento que nace desde abajo y que lleva el sello de la experiencia diaria. Esa experiencia que no puede ser sustituida por otro componente y que al mismo tiempo envuelve la vida diaria de los cristianos. No es ir a un lugar especial, no es un tiempo que se dedica a ello, es la vida cotidiana y contínua de los creyentes.