Claudicando entre dos pensamientos

1a Reyes 18:21 dice: Acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? El sermón dominical del 4 de Sept./2011 estuvo basado en el anterior pasaje bíblico, abajo un comentario sobre el ambiente prevaleciente en los días que ocurrió el evento mencionado en Las Escrituras y el sermón en audio.

Hacía tiempo que ellos estaban tratando de unir el servicio de Dios con el de Baal. Era una unión impracticable, y el pueblo estaba tan ofuscado por su necedad y por el temor de disgustar al rey, que “no respondió palabra”. Elías les propuso decidir la controversia entre Dios y Baal, apelando no a la autoridad de la ley, porque eso no tendría valor, sino apelando a recibir una señal visible desde el cielo. Como el fuego era el elemento sobre el cual se suponía que presidía Baal, Elías propuso que se mataran dos bueyes, y que fueran colocados sobre dos altares distintos sobre la leña, el uno para Baal y el otro para Dios, y sobre cualquiera que descendiera el fuego para consumirlo, sería la señal que determinaría cuál era el Dios verdadero, a quien fuese su deber servir.

Como la propuesta parecía en todo sentido razonable, fué recibida por el pueblo con aprobación unánime. Los sacerdotes de Baal comenzaron la ceremonia invocando a su dios. En vano continuaron invocando su deidad insensible desde la mañana hasta mediodía, y desde mediodía hasta la tarde, lanzando los más agudos gritos, haciendo gestos fantásticos y aun mezclando su sangre con la del sacrificio, pero no se oyó ninguna respuesta, ni descendió ningún fuego. Elías exponía la locura y el engaño de ellos con la ironía más severa. Como el día estaba ya muy avanzado, empezó sus operaciones invitando al pueblo a acercarse a ver el procedimiento entero; primero reparó un viejo altar de Dios que Jezabel había demolido; entonces, habiendo arreglado la carne del buey, cortada en pedazos, hizo que echaran cuatro barriles o cántaros de agua sobre el altar y en la reguera al rededor. Una vez, dos veces, tres veces, se hizo esto, y cuando él levantó una ferviente oración, descendió el fuego milagroso y consumió no sólo el sacrificio sino las mismas piedras del altar y el polvo.

La impresión en la mente del pueblo fué la de admiración mezclada con pavor; y a una voz reconocieron la supremacía de Jehová como el Dios verdadero. Aprovechando los sentimientos que los embargaban, Elías los instó a prender a los sacerdotes impostores, y con su sangre llenar el canal del río Cisón, el cual, a causa de su idolatría, se había secado; esta orden, por severa y despiadada que pareciera, fué su deber darla, como ministro de Dios.

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