Teología del bienestar

 

Encontré el siguiente artículo durante mis lecturas por Internet, el mencionado artículo contiene una serie de verdades sobre las corrientes doctrinarias (o dogmáticas) que están circulando en el ambiente cristiano evangélico (o fundamentalista, aunque esta acepción no es muy de mi agrado).

Podré discrepar con el autor sobre una serie de aspectos relacionados con la Palabra de Dios, pero creo que en esta oportunidad su argumento presentado tiene validez y es de actualidad.

 

Con la Biblia se puede hacer lo que uno quiera, es decir, interpretar los textos según los intereses particulares del predicador o acomodarlos a las necesidades del auditorio. “Descafeinar” la Palabra de Dios es una de las tácticas más frecuentes en boca de los “pseudos pastores” que hoy pululan por el mundo. Se busca “aguar” el proyecto de Dios sobre el hombre, a fin de implantar un proyecto puramente mercantilista, en comunión con las doctrinas económicas imperantes.

Ciertas “universidades” ofrecen licenciaturas de “teología para empresarios”, “teología del éxito”, “teología del poder”, etc.; en definitiva, un plan “académico” para retorcer la Palabra hasta el punto que ésta resalte y bendiga irrestrictamente el modelo capitalista, es decir, “el fin de la Historia” (1).

Pablo ya constataba que “la Palabra de Dios es como una espada de doble filo que atraviesa las entrañas”, subrayando la radicalidad que engendra el auténtico seguimiento del Evangelio de Jesús, “hasta dar la vida por el otro”. Es notorio, para cualquier lector honesto de la Biblia, y especialmente del Nuevo Testamento, que el proyecto salvífico de Jesús va dirigido especialmente a los pobres, enfermos y marginados socialmente, porque los ricos (los satisfechos ) no necesitan de Dios para trasformar sus vidas (2).

“Los apóstoles no era gente pobre, si no ricos, pues tenían barcas para pescar”. “Jesús no fue pobre, porque tenía un manto de una sola pieza y eso era sinónimo de cierta posición social”. Aseveraciones de este calibre causan estupor, sobre todo al comprobar cómo se puede prostituir la historia con tal de justificar mi ideología “religiosa”.

“Dios bendice al hombre dándole bienes económicos y salud”. De dónde se deduce que más de tres cuartas partes de la humanidad que padece hambre, desnudez y exclusión social son por lógica, “malditos de Dios”, “los marginados de la tierra y del Dios-Padre”. Extraordinaria teología, que nos presenta un “dios” sectario, clasista y destructor de los pobres y oprimidos y, sobre todo, vengador.

La teología del bienestar, en el fondo pretende justificar la obligación del “diezmo”, como medio inexcusable para alcanzar los mejores intereses de mi capital. “Da mucho (aunque no sepas para qué o quién) y recibirás mucho más” (3).

 

Autor: José María Ferrero.

 

Notas del editor:

(1) Realmente está a la orden del día el ofrecimiento de títulos teológicos de supuestas “universidades”. Esto se ha convertido en un buen negocio para muchos y los egresados tienen grandes carencias académicas. Aúnque en otras disciplinas también hay ofrecimientos del mismo tipo. Sugerencia: investigue y compare.

(2) Discrepo en este punto con el autor pues el propósito del evangelio es la salvación de toda la humanidad del poder del pecado y la condenación eterna, por medio de Jesucristo, independientemente de la raza, la educación, la posición social, etc.

(3) En cuánto al diezmo podemos decir que tiene una función como medio de soporte a la obra de Dios, lo que debe señalarse es que no debe utilizarse este como un trampolín para acceder de una forma mágica al capital.

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