Ateísmo

El término ateísmo, en su noción etimológica se refiere a la falta de creencia en la existencia de cualquier dios, que es la definición más aceptada en el ámbito filosófico.

El término proviene del adjetivo griego αθεος (azeós), que significaba ‘sin dios’ (en cualquiera de los dos sentidos, de no creer en uno o más dioses o de no venerarlos debidamente); siendo a la partícula negativa ‘no’ o ‘sin’; y theós: ‘dios’. (1)

En una conferencia el pastor Craig Groeschel habló sobre el ateísmo práctico y tres aspectos que lo identifican:

1. Creemos que nuestra vida privada no afecta nuestro ministerio público.

2. Creemos que debemos complacer más a la gente que a Dios.

3. Creemos que nuestro esfuerzo es más importante que el Poder de Dios.

En nuestro contexto cristiano donde se habla actualmente tanto de la excelencia, del éxito y de la prosperidad, pareciera ser que realmente todo depende de lo que hagamos, de nuestro esfuerzo y de nuestras habilidades. ¿Si Dios (Jehová, Elohím, El Shaddai u otros nombres que describen sus atributos) es omnipresente, por qué lo hacemos ajeno a nuestras vidas? En otras palabras: “ignorarlo es como decir que realmente Dios no existe”.


(1) Wikipedia (Español).

8 pensamientos en “Ateísmo

  1. El asistir regularmente a una iglesia no me convierte en cristiano. El levantar las manos, participar en la liturgia, mostrar las señales externas de piedad, tampoco me hacen un cristiano. Seré un cristiano nominal, pero no uno en espíritu y en verdad, uno real.
    Seguramente, en la conferencia del Pastor Groeschel se sorprendieron de saber que su conducta encaja en el ateísmo.
    -Pero si yo creo en Dios, Pastor!?-
    Sí, se cree en Dios, pero como un concepto, como una idea, de una forma intelectual.
    La pregunta es: ¿Ha dejado usted, querido hermano, que Jesucristo entre en su corazón y ejerza su Señorío? ¿Ha permitido que el Espíritu Santo transforme su mente y su vida?
    Todos creemos en Dios, pero allá en el cielo, lejísimos de lo que ocurre en nuestras vidas aquí en la tierra. Creemos en un Dios “de Domingo”.
    Se cree en Dios, pero no se ha tenido una experiencia personal con El!
    Recordemos a Nicodemo.
    Creo en Jesucristo, pero en mi vida diaria, en mi casa -con mi cónyuge e hijos-; en mi trabajo -con mi jefe y compañeros-; en mi estilo de vida, EL NO ES REY.
    Soy cristiano, pero solo de nombre; especialmente aquí en USA donde medio mundo es “cristiano”. Si digo que soy “evangélico” ya me tildan de fanático y aparte de eso, esa palabra “ya pasó de moda”.
    Me acuerdo cuando nos llamaban “Protestantes”.
    Sigamos:
    Soy cristiano pero solo de nombre. Las cosas viejas aún están en mi vida, todavía me acompañan. No han sucedido cosas nuevas, porque NO ESTOY EN CRISTO.

    Entonces, ahora la pregunta es: ¿Qué clase de enseñanza se está impartiendo? ¿Qué clase de mensaje se está predicando? ¿El mensaje de la Cruz? Lo dudo. ¿El mensaje del Verbo Encarnado? No lo creo.
    El apóstol San Pablo en 1a. Corintios 2:1-5, escribió:
    “Así que hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
    Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
    Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

    Mi oración es que esto sea una realidad en los púlpitos de nuestras iglesias.
    Es una responsabilidad del Pastor, como del cristiano verdadero en particular. Uno, de enseñar la verdad; y el otro, de entender que el llamarse cristiano es mucho más que ir a una iglesia los domingos por la mañana.
    Que el Señor nos ayude y bendiga a todos!

  2. Es extraordinaria la demostración de síntesis y claridad de ideas expuesta en estos tres ítems.
    Alguna vez escuché por allí que “lo opuesto al amor no es en realidad el odio, sino la indiferencia”
    ¡Bendiciones!

  3. Alfredo, gracias por la aportación y tocar el asunto de la corresponsabilidad.

    Daniel, tremenda observación y ejemplo sobre la indiferencia.

    Hace algún tiempo escuché una canción en la cual el intérprete pedía, si bien recuerdo, que por favor se le odiara en lugar de olvidársele, creo que le cantaba a un amor imposible, o algo por el estilo. Pues lo último sería para él un cruel tormento. Alguien dijo también en una oportunidad que el peor desplante a alguien era la indiferencia.

  4. En una pequeña corrección, el ateísmo es un tipo de filosofía en la que se niega la existencia de uno o varios dioses y no la falta de creencia de cualquier dios.
    Soy ateo, desde siempre, y respeto todas las religiones, y estoy de acuerdo en que si alguien cree en algo, en “Dios” en este caso, debería ser fiel a eso en lo que cree. Restringiendome al ámbito religioso, si crees “Dios”, creo que deberías demostrarlo siguiendo y aplicando lo que las normas morales de esa religión. Pero también creo que la religión se puede considerar una forma de pensar, creo que, en el caso del cristianismo, uno puede ser cristiano, creer en “Dios” aunque no siga del todo el dogma.

    • Algunos comentarios son aprobados para su publicación aunque no reflejen las creencias cristianas de este sitio. Pero esto sirve como prueba de la indiferencia de las criaturas hacia el Creador (Génesis 1:31).

      • Yo he escrito eso para reflejar mi opinión sobre este tema y para hacer esa pequeña corrección. Ahora lo hago con la intención de que aclare a qué se refiere con “indiferencia” y que, con la cantidad de pruebas científicas y demás, no hablemos de creacionismo cuando está más que comprobada la Teoría de la evolución.

      • “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”. (Romanos 1:20,21).

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