El término ateísmo, en su noción etimológica se refiere a la falta de creencia en la existencia de cualquier dios, que es la definición más aceptada en el ámbito filosófico.

El término proviene del adjetivo griego αθεος (azeós), que significaba ‘sin dios’ (en cualquiera de los dos sentidos, de no creer en uno o más dioses o de no venerarlos debidamente); siendo a la partícula negativa ‘no’ o ‘sin’; y theós: ‘dios’. (1)

En una conferencia el pastor Craig Groeschel habló sobre el ateísmo práctico y tres aspectos que lo identifican:

1. Creemos que nuestra vida privada no afecta nuestro ministerio público.

2. Creemos que debemos complacer más a la gente que a Dios.

3. Creemos que nuestro esfuerzo es más importante que el Poder de Dios.

En nuestro contexto cristiano donde se habla actualmente tanto de la excelencia, del éxito y de la prosperidad, pareciera ser que realmente todo depende de lo que hagamos, de nuestro esfuerzo y de nuestras habilidades. ¿Si Dios (Jehová, Elohím, El Shaddai u otros nombres que describen sus atributos) es omnipresente, por qué lo hacemos ajeno a nuestras vidas? En otras palabras: “ignorarlo es como decir que realmente Dios no existe”.


(1) Wikipedia (Español).