dinero.jpgDe mis lecturas por Internet les comparto lo siguiente de la autoría de Ricardo Gondim.

Por años se combatió la idea que los fines justificaban los medios, porque ese principio justificaba comportamientos deshonestos. Hoy, el problema se profundizó. No se sabe más qué es medio y qué es fin. No se sabe más si la iglesia existe para recaudar dinero, o si el dinero existe para dar continuidad a la iglesia.

¿Se canta para alabar a Dios o para entretener al pueblo? ¿Se publican libros como un negocio o para divulgar una idea? Los programas de televisión, ¿tienen el objetivo de dar popularidad a determinado ministerio o proclamar el mensaje? Las respuestas a esas preguntas no son fáciles de encontrar.

Cristo no dio vuelta las mesas de los cambistas en el templo simplemente porque ellos pretendían dar un servicio a los peregrinos que venían a adorar al templo. Él descubrió que los medios y los fines se habían confundido y que ya no se discernía con claridad si el templo existía para hacer negocios o se hacían negocios para ayudar al culto.

La obsesión por el dinero, la carrera desenfrenada por fama y prestigio, la pasión por títulos, revelan que muchas iglesias ya no saben si existen para facturar. Muchos líderes ya no consumen sus energías buscando un auditorio que los escuche, sino que buscan un mensaje que les asegure un auditorio. La confusión de medios y fines mata iglesias por asfixia.

Fuente: Aquí