¿Quiere un cafecito? Es de civeta.

civeta¿Se gastaría usted 40 dólares en una taza de café si le dijeran que es el más caro del mundo, un auténtico lujo, la última moda de Nueva York? Aunque sólo fuera una vez, por probar… Si es así, sepa que se trata de la variedad conocida como Kopi Luwak.

Es originario de diversos países asiáticos -determinadas zonas de Indonesia, Filipinas, India y Vietnam- y su principal mercado está en Japón, pero en Estados Unidos se ha convertido en una pieza codiciada por los connoisseurs y supera ampliamente en precio a los, en teoría, mejores cafés del mundo como los colombianos o los brasileños. Esta peculiar variedad cafetera es adorada incluso por aquéllos que conocen su personalísimo proceso de elaboración que demuestra lo enferma que puede llegar a estar la mente humana.

Harry Harrison escribió una novela de Ciencia Ficción inolvidable, más por el argumento que por el estilo, titulada Soylent Green y que pasó inadvertida más allá del fandom del género hasta que en 1973 Richard Fleischer rodó una película sobre ella, que fue estrenada en los países hispanohablantes con el título de Cuando el destino nos alcance.

La cinta estaba protagonizada por Charlton Heston (muy de moda en aquella época en el cine fantástico tras las adaptaciones de El planeta de los simios y Soy Leyenda -que se estrenó con el título de El último hombre… vivo-), Leigh Taylor Young, Chuck Connors, Joseph Cotten y Edward G. Robinson. Y pasó a la historia del cine por ser, precisamente, la última película -la que hacía el número 101- de éste último, el inolvidable “gangster” del viejo Hollywood que en Soylent Green interpretaba paradójicamente a un policía del futuro.

La novela de Harrison, y su adaptación cinematográfica, describían los problemas de superpoblación, polución y escasez de todo tipo de productos -en especial, alimentos- que padecía el planeta en el año 2.022… A la vuelta de la esquina, como suele decirse. En Nueva York, la situación es preapocalíptica, con cuarenta millones de personas sobreviviendo como pueden, hasta el punto de que un pequeño apartamento es un auténtico lujo: los caseros de los edificios tienen que guardar, bien armados, las escaleras de acceso a los pisos.

En medio de este panorama, un par de tomates, un apio…, y no digamos un solomillo de buey o una botella de whisky, son productos carísimos reservados a los ricos, mientras que la gran mayoría de la población tiene que contentarse con un sucedáneo alimenticio en forma de insípidas galletas que comercializa una empresa poderosa: la Soylent.

Investigando el asesinato de un miembro del consejo directivo de esta sociedad, el detective protagonista -Heston- acaba descubriendo de dónde sale la materia prima para la confección de las famosas galletas: de los ciudadanos muertos, cuyos cadáveres son recogidos por camiones especiales que, en medio de grandes medidas de seguridad, los transportan a las fábricas alimenticias para reelaborar su producto. En cierto modo, se trata del viejo principio científico: nada se crea ni se destruye, todo se transforma.

Después de disfrutar de una historia como ésta resulta más difícil enfrentarse a un plato de comida de aspecto u origen sospechoso. Aunque las galletas de Soylent Green parecen realmente inocentes. Sin embargo, los ciudadanos de esa Nueva York del futuro no sabían de qué estaban hechas.

Pero los consumidores del Kopi Luwak, en el mundo real, hoy día, sí lo saben y aún así lo consumen con delectación porque según las palabras de los críticos neoyorkinos su sabor es “rico y pesado, con toques de caramelo y chocolate. Es también terroso y mohoso. Tiene un cuerpo almibarado y muy terso” . Por ello pagan hasta 300 dólares por una libra -poco menos de medio kilo-, por lo general, a través de sitios especializados de Internet.

No, el Kopi Luwak no se fabrica con cadáveres de seres humanos, sino… Bueno, también le llaman el café de caca de gato.

El origen de este café hay que buscarlo en los excrementos de la civeta, un mamífero asiático de apariencia felina. La civeta ingiere las semillas pero las defeca sin haber llegado a digerirlas, ya que son demasiado pesadas para su organismo. Sin embargo, en el proceso alimenticio, esas semillas fermentan en parte, al tiempo que se mezclan con los jugos gástricos y las enzimas digestivas del cuerpo del animal. Después, se recogen manualmente de las heces de la civeta, se limpian y se tuestan como el resto de los granos de café.

Nadie sabe realmente cómo ni cuándo empezó la elaboración de esta peculiar variedad cafetera. Sólo que llegó a Estados Unidos a través de la empresa de Mark Mountanos, quien calcula que la cosecha anual de este producto no llega mucho más allá de las 500 libras, lo que la convierte según él en “la bebida más rara del mundo”.

Lo más grande de todo es que el Kopi Luwak no es el único alimento de este tipo que se conoce. En los portales especializados de Internet se puede encontrar también café de semillas regurgitadas por comadrejas salvajes que habitan en algunos pueblos de Vietnam y cuyo sabor se describe como “diferente, más fuerte y más achocolatado que el café de civeta”. Y también un tipo de aceite confeccionado a partir de las semillas recogidas de las heces de cabras marroquíes que han consumido el argán, un arbusto similar al olivo, que se utiliza para el consumo humano además de para practicar masajes.

Uno entiende que en países del Tercer Mundo, donde los recursos puedan escasear, las personas lleguen a consumir los más anómalos productos con tal de sobrevivir un día más, pero ¿se puede considerar realmente sana la mente de un tipo que, viviendo en un país con acceso a todo tipo de recursos alimenticios, encuentra placer en degustar exquisiteces como éstas?

Por si acaso, he dado instrucciones para ser incinerado, cuando llegue el momento. No me gustaría acabar convertido en galletitas, ni aunque regalaran cromos (posters) de los jugadores del Mundial de Fútbol.

Fuente: Periodista Digital

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