10 mitos que complican las campañas electorales

Las campañas electorales tienen sus mitos.

No son mitos en el sentido antropológico del término. No son relatos de sucesos prodigiosos que expliquen la vida política ni que ayuden a conferirle significados ni que operen como un cemento que une a la sociedad.

Son mitos, más bien, vinculados al origen etimológico de la palabra que deriva del griego ‘mythos’ y que alude a las palabras, las meras palabras en sustitución de los hechos. Me refiero entonces a mitos que obturan la comprensión de lo que verdaderamente sucede en las campañas electorales. Mitos que obstaculizan dicha comprensión y la sustituyen por un cuerpo de ideas y preconceptos que oscurecen más que aclaran el panorama.

Ideas erróneas, quiero decir. Erróneas pero de algún modo santificadas por la costumbre, por la tradición, por la repetición incesante. Preconceptos instalados en el mundo político a fuerza de martillazos reiterativos y cuasi solemnes.

¿Son pocos esos mitos? No, en realidad son muchos.
¿Son inocuos? Tampoco. Son capaces de arruinar la mejor candidatura.
¿Son gratuitos? Nones. Cuestan mucho dinero cuando las campañas electorales se guían por ellos. Sigue leyendo

Todo cambia.

“Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”. Heráclito de Éfeso.

Universidades de garaje (cartón o patito entre otros).

Universidad de garaje, universidad patito en México, Mickey Mouse degree en países como Canadá o universidad bamba en el Perú es un término usado para referirse a cursos, instituciones de educación superior o grados académicos percibidos como irrelevantes, de baja calidad o sin validez oficial aplicados a un segmento específico dentro del sector privado u otros como entidades religiosas, conformado por establecimientos que ofrecen determinada educación superior, o de otro tipo, mediante una mínima dotación de infraestructura, recursos académicos limitados y una ostensible ausencia de controles de calidad, y además sin acreditación o certificación (Tanto los planes de estudios como los títulos emitidos pueden no ser reconocidos por las autoridades educativas correspondientes de los países donde dicen tener sus sedes principales). Sigue leyendo