10 razones para hablar en lenguas

Escrito por Bill Hamon

1. La manifestación que vino con el don del Espíritu Santo fue de hablar en lenguas. No fue viento, fuego, ruido ni la sensación de la presencia de Dios lo que sirvió de evidencia de haber recibido este don, sino un lenguaje espiritual. Los creyentes comenzaron a hablar en lenguajes espirituales que no entendían. Fue plan de Dios que el don funcionara como un lenguaje espiritual para sus hijos (Hechos 2:4, 11; 1 Co 14:2).

2. Jesús ordenó que recibiéramos el don del Espíritu Santo. Cuando Jesús le encargó a los discípulos que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran la promesa del padre, Él no dijo: “Hagan esto si se sienten guiados a hacerlo o si encaja en sus creencias doctrinales o denominacionales, o si tienen tiempo o si se sienten inclinados a hacerlo o si se sienten cómodos al respecto”. ¡No! Jesús les ordenó que esperaran hasta que reciban el don del Espíritu Santo. Desde que Jesús le dio  tanta importancia a que recibieran este don, esa es una razón suficiente para que cada cristiano busque de Dios hasta recibirlo también (Hechos 1:4; 5:32; Juan 14:16-17; Efesios 5:18). Sigue leyendo

La expiación

La Perfecta Expiación para el Pecado Personal.

El día más importante en el calendario religioso Judío es el Día de la Expiación (Levítico 16). Es este el día central del Judaísmo aún cuando el sistema de sacrificios llegó a su fin con la destrucción del templo en el año 70 D.C. Es el día mas sagrado en el Judaísmo.

En el día de la Expiación el sumo sacerdote entró en el Lugar Santísimo del tabernáculo en el desierto, y después en el templo de Jerusalén, para hacer expiación por los pecados del pueblo de Israel.

La palabra expiación significa “cubrir” el pecado, y por tanto, “eliminar”, “borrar”, “cubrir”. De esta manera el sacrificio “elimina” la culpabilidad del pecado del hombre ante Dios. La eliminación del pecado realiza la reconciliación entre el hombre y Dios.

Quizás esta es la razón por lo que los rabinos Judíos lo llamaron el “Día” o el “Gran Día”.

Dios proveyó el Día de la Expiación para evitar Su ira por los pecados ya cometidos y garantizar Su presencia con Su pueblo.

El sacrificio de la primera cabra y el envío de la segunda para morir lejos en el desierto, estaban destinadas a la limpieza de la nación, el sacerdocio, y el santuario del pecado.

Cada sacrificio en el tabernáculo alcanzó su clímax en ese día. Algo quedo sin hacer en el sacrificio diario y los rituales para cubrir el pecado. Sólo un día del año, el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo y reunirse con Dios ante el asiento de misericordia. Sólo en el Día de la Expiación podría el representante de las personas entrar en el más solemne lugar entre Dios y el hombre. Fue sólo con el sacrificio de sangre del animal sustituto que Él podía entrar en nombre del pueblo y él mismo.

¿Por qué este sacrificio especial por el pecado? Jehová Dios es un Dios santo que no permitirá el pecado en Su presencia. Todas las ofrendas juntas por el pecado no podían proveer por los pecados desconocidos. Con este sacrificio especial Dios proveyó por una completa expiación de todos los pecados cometidos durante el año (Lev. 16:33). ¿Lo hizo?

En realidad, el sacrificio de expiación en este día tan especial no cubre todos los pecados de una vez por todas, porque tuvo que ser repetido anualmente. Fue un “tipo” junto con todos los demás sacrificios Judíos de la expiación, que Dios un día quería proveer el sacrificio perfecto el Cordero de Dios, Jesucristo. Nuestro gran sumo sacerdote, Jesús Cristo, ofrecido a sí mismo en el derramamiento de su propia sangre en el Calvario para expiar los pecados del mundo (Hebreos 9:11, 12; Rom. 3:25; 5:9-10 1ª Cor. 5:7, 2ª Cor. 5:18-21; Gál. 3:13-14; 1ª Pe. 1:18-19, 1ª Jn. 2:2, 4:10; Apoc. 5:9).

La muerte de Jesucristo es el cumplimiento de todo lo que fue representado en el sistema expiatorio del Antiguo Testamento. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2ª Cor. 5:19).

El sacrificio de Jesucristo garantiza nuestra “eterna redención.” Lo que el imperfecto sacrificio de los animales no puede hacer, Jesucristo lo hizo de una vez por todas para todos los que en Él creen.

Cristo nos representó en Su muerte. Él es nuestro sustituto. “Uno murió por todos” (2ª  Cor. 5:14). Nuestro abogado ante el Padre en defensa de nuestro caso, con Su sangre (1ª Jn. 2:2). Dios gentilmente proveyó el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Fue un acto de gracia de Dios para el hombre pecador. La muerte de Jesucristo es lo que ofrece expiación por el pecador. Nosotros podemos venir ante la presencia de Dios solamente por la sangre (Mat. 26:28; Lc. 22:20; Col. 1:20). La expiación de Jesucristo es de una vez y para siempre, nunca se repite.

En el Antiguo Testamento la idea de la sustitución es frecuente en la expresión “por nosotros”, “por mí”. Jesús “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1ª Tim. 2:6a, 2ª Cor. 5:21; Mrc. 10:45). Se convirtió en una “maldición por nosotros” (Gálatas 3:13). El derramamiento de sangre fue central para hacer expiación por el pecado. Una muerte ocurrió. Alguien murió por el castigo del pecado

(Hebreos 9:22; Rom. 5:8; Jn. 1:29, 36; 1ª Pedro 1:18-19).

Una de las expresiones más claras de la idea de la sustitución es la involuntaria profecía del sumo sacerdote Caifás en el juicio de Jesús en las primeras horas de la mañana del día en que Jesús murió. “ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11:50).

Es fundamental que cada individuo se apropie de la expiación de Jesucristo por la fe. Nadie más lo puede hacer por usted. Usted debe poner su fe en Cristo como su sustituto, a fin de ser salvo del pecado y de pasar la eternidad con Dios en el cielo.

Usado con permiso.

Libertad Financiera

Se dice que la reacción que un hombre tenga por el dinero habla mucho de su carácter, sea que esté pobre o rico.

Una historia habla de un hombre que heredó una considerable fortuna: doscientos cincuenta mil dólares. El hombre, además de ser ya muy viejo, tenía problemas del corazón, lo que planteaba todo un desafío para darle la noticia. Por cuanto la noticia no podía dársele de manera súbita, los familiares decidieron pedirle al pastor del anciano que se la diera, pero que lo hiciera de una forma bien sutil y diplomática dada su condición. El pastor preparó la estrategia. Decidió hacerle varias preguntas a las que el anciano respondió. Y una de esas preguntas tuvo que ver con el dinero heredado. La pregunta formulada fue: “¿Qué haría él si supiera que era heredero de una fortuna de cuarto de millón de dólares?”. El anciano con la naturalidad que le caracterizaba le dijo que los donaría a la iglesia. Y, ¿usted sabe quién se desmayó? ¡El pastor! Nuestra actitud hacia el dinero determina nuestro carácter. Es posible que esta sea la razón por la que la Biblia nos hable tanto del presente tema. ¿Sabía usted que de las treinta y ocho parábolas que el Señor dijo, por lo menos dieciséis de ellas están relacionadas con este asunto? Hay unos quinientos versículos que hablan de la fe y otros quinientos que hablan de la oración, pero hay más de dos mil que hablan del dinero y su mayordomía. ¿Por qué esto? Porque Dios está altamente interesado en bendecirnos. Él quiere que sus hijos salgan de la esclavitud del dinero mal administrado. Es un hecho que Dios quiere cumplir la promesa del presente texto. Él quiere que vivamos con ventanas abiertas de bendición en lugar de vivir bajo maldición por robarle lo que a él le pertenece. Malaquías 3 ha sido visto como un texto aplicado más para Israel que para la iglesia, sin embargo el ejercicio de este texto pudiera ser la clave para una vida de profunda satisfacción espiritual. Veamos algunos principios para lograr esto. Sigue leyendo

El Llamamiento Divino Al Ministerio

Un llamamiento divino al ministerio es un requisito para cumplir con el ministerio cristiano. Es lógico esperar que Dios, un soberano, eligiera sus propios siervos y los enviara como sus embajadores. En el Antiguo Testamento vemos que Dios llamó a los profetas. Por eso, tenemos razón para esperar que en la dispensación presente él hiciera lo mismo. Nadie tenía derecho a meterse en el oficio de profeta. Dios dijo: “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no he mandado hablar, o que hablase en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.” (Deut. 18:20) También Jer. 23:30 dice; “Yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras.” Vea también Jer. 1:4-10. La confirmación de esto se ve al considerar lo siguiente:

(1). Los pastores en el Nuevo Testamento son nombrados como los elegidos de Dios. Es obvio en cuanto a los apóstoles y los setenta pero se ve en cuanto al ministerio en general. Los ancianos de Éfeso fueron puestos por el Espíritu Santo. (Hechos 20:28) Arquipo recibió su ministerio del Señor. (Col. 4:17) Pablo y Bernabé fueron llamados por el Espíritu Santo. (Hechos 13:2)

(2). El ministerio es un regalo de Dios, dado a la iglesia. “El mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:11-12). Los dones para este ministerio son otorgados por Dios y los hombres están enviados a su obra por Dios mismo en respuesta a las oraciones de los santos. Vea Romanos 12:6-7, Lucas 12:1-28)

(3). La naturaleza de la obra, como se implica en los términos que se usa al designarla, requiere un llamamiento divino. Se llama “embajadores de Cristo” que quiere decir que hablan en su nombre. Son sus mayordomos, encargados de llevar el evangelio a los demás. Sigue leyendo